El Conejo siempre cae de pie. Es un afortunado. Dotado, moderadamente ambicioso, compañero agradable, modesto, reservado, refinado, virtuoso. Todo el mundo lo sabe. Habla bien y sabe hacerse valer. Pero entre sus muchas virtudes se cuela un defecto, pequeño, cierto, pero no por ello menos importante: el Conejo es un ser superficial, y también lo son sus mejores cualidades. Ama la sociedad, y la sociedad lo ama a él. Adora las reuniones mundanas y a veces chismorrea, pero lo hace con finura, tacto y prudencia.