Los vietnamitas dicen con más frecuencia "pollo", cosa que al Gallo le agrada poco. Entre los japoneses se habla del "gallo", porque este soñador se toma en serio a sí mismo y es aficionado a la adulación. El Gallo no se anda con rodeos y a veces se muestra brusco, incluso agresivo. Esto no ocurriría sin choques si sus víctimas no atribuyeran tal actitud a su franqueza y su excentricidad. Y no se equivocan: el Gallo dice de verdad lo que piensa. Pero tras esa franqueza se esconde más bien una tendencia al egoísmo. La vulnerabilidad ajena lo deja del todo indiferente, y considera que no hay motivo alguno para tener miramientos. Semejante cualidad, por supuesto, le cierra el camino a una carrera diplomática.